Madrid. Febrero, 1942

Cuando su padre Salió de la consulta del médico, Charli vio una clara preocupación en su mirada. No había podido evitar la curiosidad y, al hacerle salir de la consulta, había puesto el oído en la puerta para escuchar aquella charla entre adultos. “Tuberculosis”, había escuchado. Pero para él, un chico de 6 años, aquella palabra, aquella enfermedad no sabía realmente en qué consistía, tan sólo sufría sus síntomas, algo más que una tos, eso lo tenía claro.

hospital

Pocos minutos después, ya en el coche, Charli no pudo aguantar más. Sabía que delataría su indiscreción, pero…

-Papá, ¿qué es la Tuberculosis? –y como era de esperar, su padre le miró entre enfadado y comprensivo. Se tomó unos segundos para pensar la respuesta.

-Es una enfermedad que te afecta a los pulmones, hijo.

-¿Y es grave? Supongo que tomando medicinas se curará, ¿no? –de nuevo su padre se tomó unos segundos para contestar. No mentiría a su hijo, pero tampoco quería asustarle.

-Sí, es grave hijo. Y no, no hay medicinas para curarla… -y el rostro de Charli se oscureció de tal forma que su padre detuvo el coche en el arcén- Pero te curarás, Carlos.

-Pero… si no hay medicinas… ¿Cómo me voy a curar?

-Con aire limpio. Respirando aire puro de la montaña.

-Pero vivimos en Madrid, papá.

-Pues nos iremos a vivir a la montaña.

-¿Cuándo? ¿Dónde? –preguntó Charli sin saber si aquella solución le convencía.

-Cuanto antes. Y buscaremos un lugar adecuado. No, buscaremos el mejor lugar, especial, una gran casa para todos nosotros en unas montañas preciosas que nos dejarán ver el horizonte y respirar el aire puro que te curará.

-¿Y dónde está esa casa, papá?

– No lo sé, pero lo encontraremos.

By |2016-12-13T18:13:51+00:00octubre 27th, 2015|Crónicas de Balzaín|